Cuánto cuesta de verdad una web profesional (y por qué los presupuestos varían tanto)
Por el mismo encargo puedes recibir un presupuesto de 600 euros y otro de 12.000. No es que uno mienta: es que están vendiendo cosas distintas. Qué hay dentro de cada tramo y qué preguntar.
Es la pregunta que más nos hacen y la que peor se responde en internet, porque la respuesta honesta empieza por "depende" y ahí se abandona el artículo. Vamos a hacerlo al revés: primero las horquillas, después qué las explica.
Aviso previo: estos son rangos de mercado en España para negocios pequeños y medianos, no nuestra tarifa. Sirven para que reconozcas en qué tramo está lo que te han ofrecido.
Los cuatro tramos
Hasta unos 1.000 €. Plantilla comprada o constructor visual, tus textos, tus fotos, cuatro o cinco páginas. Está bien para validar una idea o para un negocio que solo necesita existir en internet con datos de contacto correctos. Se nota que es una plantilla, y a menudo no pasa nada: un fontanero de barrio no pierde clientes por eso.
Entre 1.000 y 4.000 €. Plantilla o sistema base, pero adaptada de verdad a la marca: colores, tipografías, estructura pensada para tu servicio, textos revisados o reescritos, SEO técnico básico y formularios que funcionan. Es el tramo donde está la mayoría de las webs de pyme que funcionan comercialmente.
Entre 4.000 y 12.000 €. Diseño propio, no plantilla. Estructura pensada a partir de tu negocio y de tu competencia, contenidos escritos con criterio, fotografía o vídeo si hace falta, rendimiento cuidado, y normalmente alguna funcionalidad concreta: reservas, catálogo con filtros, área de cliente, varios idiomas.
Por encima de 12.000 €. Aquí ya no se paga "una web": se paga producto. Comercio electrónico serio, integraciones con sistemas internos, aplicaciones a medida, sitios con cientos de páginas, o proyectos con dirección de arte y producción audiovisual propia.
Qué explica realmente la diferencia
El diseño: plantilla adaptada o hecho a medida
Es el mayor salto de precio y el más difícil de ver en un presupuesto. Una plantilla adaptada parte de una estructura que ya existe; un diseño a medida empieza en un folio en blanco, y eso son días de trabajo antes de escribir la primera línea de código.
¿Merece la pena? Depende brutalmente del sector. Si compites por precio y cercanía, no. Si tu cliente juzga tu criterio estético o tu solvencia por la web (estudios creativos, arquitectura, servicios premium, marcas), la plantilla te está costando dinero cada mes.
Los contenidos: quién escribe y quién fotografía
Este es el punto que hunde más proyectos. Casi todos los presupuestos baratos asumen que tú entregas los textos y las fotos. Y casi ningún cliente los entrega a tiempo, porque escribir la página de servicios de tu propio negocio es sorprendentemente difícil.
Resultado: la web se queda tres meses parada esperando contenidos, o se publica con textos improvisados en una tarde. Si sabes que no vas a escribirlos, pide que entren en el presupuesto desde el principio. Es más barato que el retraso.
Lo mismo con las fotos. Un reportaje sencillo de un negocio local cuesta unos cientos de euros y transforma el resultado más que ninguna decisión técnica. Las fotos de banco de imágenes se reconocen a la primera y transmiten exactamente lo contrario de lo que buscas.
La funcionalidad: páginas o programa
Una web de siete páginas informativas y un formulario es un trabajo acotado. En cuanto aparece "que el cliente pueda reservar", "que se conecte con nuestro programa de gestión" o "que cada delegación tenga su zona", deja de ser maquetación y pasa a ser desarrollo de software, con su análisis, sus pruebas y sus imprevistos.
No hay nada malo en ello, pero conviene saber que se ha cruzado esa línea, porque el presupuesto y el plazo se multiplican.
El mantenimiento: el coste que nadie presupuesta
Dominio y alojamiento son la parte pequeña y previsible. Lo que se olvida es lo demás: actualizaciones de seguridad, copias de seguridad comprobadas (una copia que nunca se ha restaurado no es una copia), cambios de contenido, y alguien que responda cuando algo deja de funcionar un viernes por la tarde.
Pregunta siempre qué pasa después de la entrega y cuánto cuesta. Si la respuesta es "nada, es tuya", significa que el día que se rompa empieza una negociación nueva.
Cuándo NO hay que gastarse el dinero
Por honestidad, tres casos en los que recomendamos no rehacer la web:
Tu web actual funciona y trae clientes. Si el problema es que "está anticuada" pero el teléfono suena, quizá el dinero rinda más en fotografía nueva, en anuncios o en atender mejor a quien ya llama. Rehacer una web que convierte tiene riesgo real de empeorarla.
No tienes claro qué vendes. Una web es un espejo. Si el posicionamiento del negocio está sin decidir, el proyecto se atascará en la fase de textos y acabarás pagando por dar vueltas.
El problema es de captación, no de sitio web. Hay negocios cuya web está bien y cuyo problema es que nadie la encuentra. Eso se arregla con SEO y presencia local, no con un rediseño.
Cómo comparar dos presupuestos sin marearte
Pon los dos en una tabla y busca estas siete filas. Si alguna está vacía en uno de ellos, ahí está la diferencia de precio:
- Número de páginas y cuáles.
- Diseño: plantilla o propio.
- Textos: los pones tú o los escriben ellos.
- Fotografía: la pones tú o la producen ellos.
- Rondas de cambios incluidas.
- SEO técnico y velocidad: incluido o aparte.
- Qué pasa el día después: mantenimiento, formación, propiedad del código.
Casi siempre, el presupuesto "caro" tiene las siete filas rellenas y el "barato" tiene tres. No son el mismo encargo.
Y en nuestro caso, ¿cuánto?
Para no predicar transparencia y luego esconder la cifra: nuestros precios de web están publicados con detalle en /precios, con lo que incluye cada tramo, los módulos que se añaden y el mantenimiento mensual. Desde ahí se entra al configurador, donde montas el presupuesto tú mismo sin dejar datos ni hablar con nadie.
Si quieres una opinión sin compromiso sobre en qué tramo cae tu caso, escríbenos. Quince minutos, y te decimos también si lo que necesitas es media web en lugar de una entera.
Preguntas frecuentes
Lo que más nos preguntan sobre esto.
¿Por qué hay tanta diferencia de precio entre presupuestos de webs?
Porque el precio se lo lleva el trabajo humano, no la tecnología. Una plantilla con tus textos y tu logo son unas horas; un diseño propio con contenidos creados desde cero y funcionalidad programada son semanas. Ambos entregan una web, pero no la misma.
¿Qué debería incluir siempre un presupuesto de web?
Número de páginas, quién escribe los textos, quién aporta las fotos, cuántas rondas de cambios hay incluidas, si el SEO técnico entra o no, plazo con fechas y qué pasa después de la entrega. Si falta alguno de esos puntos, el precio final no es el que estás leyendo.
¿Cuánto cuesta mantener una web al año?
Dominio y alojamiento suelen ser una cantidad modesta al año. A eso hay que sumar actualizaciones, copias de seguridad y cambios de contenido. Una web sin mantenimiento no se rompe el primer día, pero acumula riesgos de seguridad y se queda obsoleta en un par de años.
¿Cuánto se tarda en tener la web publicada?
Una web de presencia para una pyme suele ir de tres a ocho semanas. El retraso casi nunca es técnico: es esperar los textos y las fotos que tiene que aportar el cliente. Si quieres cumplir el plazo, ten los contenidos listos antes de que empiece el diseño o encarga que los produzcan ellos.
¿Tu caso se parece? Cuéntanoslo.
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